El impune error Verde

Abelardo Medellín

El PRI en San Luis Potosí no ha terminado ni bien de extinguirse y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) ya comenzó a recoger de entre los destajos aquellos perfiles que, por su pasado, cumplen y embonan con aquel refrán que versa: “más vale el diablo por corrupto que por diablo”, ¿o cómo era?

Esta semana el dirigente del PVEM en San Luis Potosí, Ignacio Segura Morquecho, tuvo la desastrosa idea de, en primer lugar, aceptar una reunión con los ex priistas y ex funcionarios del sexenio Carrerista, Alberto Elías Sánchez y Alejandro Leal Tobías, y, en segundo lugar, presumir tal reunión como una buena noticia para su partido.

Tales perfiles se suman a una larga lista de priistas que, durante los últimos dos años, han sido incuestionablemente aceptados en las filas del Verde y lavados de la cara justo al ingresar a un partido que vende puestos en la administración estatal, a cambio de la cooperación y sumisión absoluta a la administración oficialista que emana de Palacio de Gobierno.

A estas alturas del juego, luego de haber aceptado a Sonia Mendoza Díaz, Mario García Valdés, Crisógono Sánchez Lara e incluso ex diputadas priistas para dirigir dependencias del Estado, no cabe duda que donde el Gobierno Verde no mete perfiles traídos de Tamaulipas, mete carreras políticas desahuciadas.

No es nuevo que ex funcionarios en desgracia y deshonra busquen la madriguera cómoda del presupuesto del estado o decidan cuadrarse al proyecto en el poder para no vivir en la vulnerable abyección, y justamente por ello, hay que poner en perspectiva este recibimiento obscuro y entenderlo por lo que realmente es: un signo del, cada vez más evidente, cinismo desinteresado con el que opera el poder oficialista.

Cuando el gobernador, la dirigencia, la Senadora o los alcaldes del Verde expresan que el proyecto al que profesan sus intereses se “preocupa por la gente”, siempre hay que tener en cuenta que se refieren específicamente a aquellas personas que sirvan como combustible humano para su maquinaria de coaccionar voluntades.

Esto no solo atiente a una razón práctica (si tienes conciencias vacías, aseguras participantes doblegados), sino también a una ideológica. El Verde ya no es un partido clásico que filtra las necesidades de la ciudadanía a través de su capacidad de negociación política y cargos que ocupan sus militantes activos en el servicio público.

No. Desde que el gobernador y sus huestes arribaron al poder, mareados y confundidos en las alturas de la superioridad imaginaria, decidieron unilateralmente que el partido ya no sería una vía para las necesidades y exigencias ciudadanas, sino que de facto (y como ya se solía catalogar al PVEM mismo) su pequeña sucursal local del peor instituto jamás fundado se convirtió en una ventanilla de exigencias, pero no del ciudadano al gobierno, sino del gobierno al ciudadano.

Para un solo evento, el gobernador necesita su insumo mínimo de aplausos diarios, para eso, la administración reúne a través de dependencias, juntas de mejora, neo-sindicalismos obscuros y grupos de control político, a ciudadanos acarreados, a cambio de no perder los apoyos alimentarios y programas básicos que el gobierno solo tiene reservados para aquellos que se rinden a las exigencias del ego de Palacio.

En un mundo ideal, un partido así de relevante utilizaría su capacidad de agencia en el congreso y su injerencia en otros poderes para promover la agenda de necesidades y exigencia que canalice de otros poderes. Sin embargo, no solo estamos lejos del mundo ideal, sino que vivimos en el mundo al revés, es el Partido Verde el que le exige a sus simpatizantes que hagan un sacrificio y entreguen de su tiempo para servir de aplaudidores; el PVEM que podría representar a diversos gremios y destrabar deudas históricas, prefiere instrumentalizar a su militancia y dedicar esta a que infle las redes del gobernador; en lugar de tener cuadros jóvenes que valgan la pena, el partido entrega espacios en los municipios a quien pague mejor por cargar con el logotipo.

Justo por esta condición alrevesada, las adhesiones de ex políticos priistas al PVEM ya no debería sorprendernos, sino preocuparnos; en la impunidad de sus avasallante presencia, el PVEM se sabe intocable, sabe que aunque traiga a sus filas a la mismísima “herencia maldita” hecha persona, no habrá quien critique sus acciones, porque, una vez más, a su forma de entender el mundo, el Verde no admite exigencia, las reparte… y quien se niegue a atenderla, se queda sin despensa y se convierte en un detractor, en la verdadera herencia maldita.

Ante el panorama tan lamentable hay que reconocer que Morquecho, como servidumbre fiel del proyecto Gallardista, nunca lideró un partido, más bien administra un penoso error de la historia.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestrando en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es reportero de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.

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