Antonio González Vázquez
El gobierno de José Ricardo Gallardo Cardona goza del cómplice silencio y sumisión de los partidos de oposición, sus dirigentes y representantes populares.
Un mutismo condescendiente que resulta ofensivo a una sociedad agraviada desde el poder público estatal.
La ciudadanía a merced de los caprichos y excesos del ejecutivo, no ha contado con la oposición como caja de resonancia de sus exigencias ante los abusos.
Al régimen del Partido Verde Ecologista de México y la Gallardía no lo han confrontado los partidos. Llevan cuarenta meses en un ostracismo al que se alinearon sin cortapisas en favor del mandatario.
Abandonaron su función de contrapeso al gobierno.
El Partido Acción Nacional es la principal fuerza opositora en el estado, pero eso no se ha reflejado a la hora de fijar postura frente a los excesos de la administración verde.
Como diría Lidia Argüello Acosta, ex candidata a la dirigencia estatal del blanquiazul: con Verónica Rodríguez Hernández, en el PAN “no se toca al gobernador ni con el pétalo de una rosa”. Así ha sido durante los últimos tres años y así sería hasta la conclusión del sexenio gallardista.
En los hechos, el panismo no existe como oposición, con determinación se ha invisibilizado como si asumieran ser una minoría.
Esa postura priva en el resto de partidos, incluido Morena, de donde ocasionalmente surgen algunas voces críticas a los actos del padrino.
Varios han sido los momentos climáticos en que la gente ha salido dignamente a enfrentar al abusivo.
El gobernador se topó con pared. O diríase, con pizarrón, gises, borradores, lápices, libros y libretas. Pretendió tratar a las y los estudiantes como si fuesen los “pollitos a la escuela”, a quienes se puede fascinar con mochilas y útiles escolares, pero fracasó.
Niñas, niños, adolescentes, padres de familia, así como maestras y maestros de la Escuela Primaria Tipo 21 y Escuela Secundaria Técnica Número 1, a diferencia de la clase política, tuvieron las agallas para decirle no a Gallardo Cardona.
Pese a la historia negra que rodea a la Gallardía en el sentido de que son capaces de llegar incluso a la amenaza, ellas y ellos no se intimidaron.
Ese coraje en defensa de los espacios educativos nació del hecho de que se trata de planteles emblemáticos de la ciudad, auténticos monumentos en cuyas aulas han pasado decenas de generaciones.
La Escuela Tipo 21 fue fundada en 1907 y la ETI en 1963. A estas instituciones, Ricardo Gallardo tuvo la desmesura de calificarlas como “cascarón”. Basta con intervenirlas para su rehabilitación con 600 millones de pesos, se había jactado.
El gobierno gallardista pretendía desalojar los estudiantes de sus escuelas para ceder las instalaciones a la Universidad Rosario Castellanos, institución de educación superior que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo llevará a todo el país como una opción para los miles que no logran acceder a una universidad pública.
Apenas la Secretaría de Educación de Gobierno del Estado anunció que las instalaciones de la Tipo y ETI serían recuperadas para albergar a la Rosario Castellanos, el mundo se le vino encima al secretario Juan Carlos Torres Cedillo.
El improvisado funcionario cuyo mérito no va más allá de ser familiar empleado para asuntos y usos múltiples de la familia Gallardo, cometió el error de creer que basta una orden del ejecutivo para que ésta se cumpla.
Omitió consultar a la comunidad de esas escuelas y dio por hecho que éstas serían reubicadas o que incluso desaparecería, como en el caso de la ETI por no contar con matrícula suficiente.
Los de la semana pasada fueron días álgidos e incertidumbre por la postura irreductible de la SEGE que estaba empeñada en lograr el objetivo del gobernador: que San Luis Potosí fuese la primera entidad con la Universidad Rosario Castellanos.
Torres Cedillo exacerbó los ánimos de la plantilla de estudiantes, padres de familia, maestras, maestros y directivos, quienes recurrieron a la protesta pública como alternativa para detener el abuso.
Y lo lograron al grito de ¡la escuela es nuestra!
El gobernador apeló una vez más a su manida entelequia de la “Herencia Maldita”, a la que responsabilizó de “desinformar” sobre el caso. Pero debió doblar las manos, lo cual es algo que no acostumbra y es a no dudar, algo que le irrita en extremo, pero reculó.
“Si no se puede, se cambia a otro lado y punto, no va a pasar nada, a nadie se le va a afectar”, dijo para cerrar el tema que le debió dejar un sabor muy amargo en la boca.
En ese contexto, la pregunta obligada es: ¿Dónde estaban los partidos, sus dirigentes y representantes?
¿Qué no enarbolan demandas sociales?
¿Qué no encabezan los reclamos de la ciudadanía?
Pues no.
Dedicados a la politiquería interna, se debaten descarnada y escandalosamente por el control de sus dirigencias y por el manejo de sus presupuestos, lo cual no es novedad, pero sí una agravante más por la sumisión que sin recato exhiben para con el gobernador.
La ejemplar y vigorosa expresión de la comunidad educativa de la Tipo y ETI es una muestra más de que la ciudadanía ya no tolera a gobernantes tan caprichudos como indolentes.
Recuérdese el caso de El Saucito, donde la comunidad organizada le puso alto al proyecto de construcción del puente deprimido sobre la Avenida Fray Diego de la Magdalena, junto al templo del Señor de Burgos.
Le dijeron que no a los ex alcaldes Ricardo Gallardo Juárez, Francisco Xavier Nava Palacios, así como al reelecto Enrique Francisco Galindo Ceballos.
No hay duda, la respuesta a los atropellos de las autoridades está en la gente.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha sido docente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación durante 25 años. Además, durante 30 años se ha desempeñado como periodista en medios como El Heraldo, El Mañana de Ciudad Valles, Pulso, Milenio San Luis, Diario Digital San Luis, Librevía, La Jornada, Global Media y actualmente en Astrolabio Diario Digital y Periodismo Político.com. También ha sido corresponsal de medios nacionales como Agencia de noticias Notimex, La Jornada y Milenio.