Por Victoriano Martínez
Entre la utopía de contar con autoridades que privilegien la atención a la pirámide de la movilidad y la realidad de servidores públicos que le rinden culto al automóvil y a una infraestructura vial presuntamente muy moderna hasta con puentes falsamente atirantados, la seguridad de los peatones no es una prioridad… hasta que reclaman.
Desde el 22 de septiembre de 2023, hace 549 días, cuando se inauguró el puente sobre la carretera a Rioverde a la altura de Quintas de la Hacienda quedó claro que para el gobernador Ricardo Gallardo Cardona la pirámide de la movilidad funciona al revés: primero vías rápidas para los coches y hasta el final la seguridad de las personas transeúntes.
Miguel Ángel Hernández Hernández, director de Tránsito Municipal de Soledad de Graciano Sánchez, informó tras la inauguración del puente peatonal en Quintas de la Hacienda que lo cruzarán hasta 2 mil 500 personas diariamente.
Ese es el número de personas que cada día puso en riesgo Gallardo Cardona con su determinación de no construir el puente peatonal como parte de su proyecto de puente atirantado. Una determinación a la que se aferró incluso con la exigencia a los vecinos de la zona de que, si querían el puente, cooperaran para su construcción.
Para Gallardo Cardona el puente era una necesidad del Colegio Valladolid y por eso esa institución particular tendría que cooperar. En su negativa a realizar el puente omitía el reclamo de otros usuarios de la vía pública, como ciclistas, estudiantes y peatones de colonias como Quintas de la Hacienda, Hacienda Los Morales y Primero de Mayo.
“Fuera una escuela pública, lo haríamos a la voz de ya y con todo el dinero de nosotros, lo vamos a apoyar con todo gusto, pero ellos tienen que poner de su parte”, advirtió entonces Gallardo Cardona.
Desde abril del año pasado, un colectivo ciudadano adoptó un Modelo de Aprovechamiento de la Información que tiene como base el ejercicio del derecho de acceso a la información pública enfocado a la solución de problemas cotidianos para presionar sobre la realización de puente peatonal.
En la construcción del puente peatonal que finalmente se inauguró este lunes el único mérito que pueden reclamar las autoridades –si es que les resulta tal verse obligados a atender un reclamo ciudadano ante su negligente y hasta criminal omisión– es haber atendido la exigencia ciudadana que se prolongó por un mínimo de nueve meses hasta comenzar la obra.
“Son obras complementarias que se habían quedado del puente atirantado para poder pasar toda la ciudadanía de las familias de la zona de Cactus, de Valle de Cactus hacia lo que es Privada de las Haciendas y diferentes privadas de este lado, la escuela y bueno pues más zonas”, dijo ahora Gallardo Cardona como si se tratara de algo hecho por su iniciativa que sólo se retrasó casi 18 meses.
Para colmo, en plena inauguración del puente peatonal los usuarios exponen fallas en la obra y, aunque las autoridades afirman que se cumplieron todos los lineamientos de seguridad, Jorge Grimaldo Limón, titular de Infraestructura Municipal de Soledad de Graciano Sánchez anunció que esos trabajos se realizarán en los próximos días. Más obras complementarias, pues.
Además, Gallardo Cadona omitió recordar su resistencia a construirlo y su postura opuesta en tal grado a la pirámide de la movilidad que prácticamente se pronunció por que, si los peatones querían una obra para su seguridad, que ellos mismos la pagaran.
A los coches hasta puentes atirantados, a los peatones, que se cuiden solos… o a golpe de exigencias logren una medida de seguridad, aunque no sea la óptima.
“A menos de 300 metros del 66.45% de los puentes peatonales ocurre el 26.68% de los atropellamientos en la Ciudad de México. A menos de 100 metros de estos puentes ocurre el 10.7% de los atropellamientos”, según un estudio del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (IPTD).
Es decir, la distancia que hay entre el puente peatonal y la necesidad de cruzar una vía peligrosa como es el caso en la carretera a Rioverde no impide que haya quienes se arriesguen a cruzar en puntos distantes.
El puente peatonal deja a salvo el privilegio para que los coches corran a alta velocidad en perjuicio de los peatones, a quienes se obliga a un mayor esfuerzo o exponerse bajo su propio riesgo.